En un planeta como la Tierra, que está compuesto por agua en su mayoría, ¿por qué casi un tercio de su superficie está cubierta de desiertos y zonas áridas?

La respuesta es una mezcla de razones geográficas y económicas: la ubicación de las montañas, la falta de lluvias y la peligrosa mano del hombre.

“De forma natural, los desiertos se originan por unas cuestiones climáticas o de morfología que hacen que algunas regiones del planeta no reciban la cantidad de agua (precipitaciones) suficiente para producir alguna vegetación”, dijo Wim Cornelis, eremólogo (especialista en ciencia de los desiertos) de la Universidad de Gent, a BBC Mundo.

Los impactantes mapas del agua que hemos hecho desaparecer del planeta (y que la naturaleza se empeña en recuperar)
Esa cantidad es una cifra determinada, casi un “número mágico”: menos de 250 mm de precipitaciones al año y el suelo será desértico.

“Sin embargo, la principal causa de la desertificación es el mal manejo que el hombre ha hecho de la Tierra y, por esa razón, la desertificación es una de las principales amenazas para la sostenibilidad del planeta”, dijo Cornelis, quien también trabaja en el Centro Internacional de Eremología, una entidad que pertenece a la UNESCO.

La desertificación amenaza al menos 168 países en el planeta. Fotografía: DOMINIQUE FAGET

De acuerdo a un estudio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la desertificación amenaza a al menos 168 países del planeta y podría comprometer un 38% más del territorio global en los próximos años.

“Uno de los principales orígenes de los desiertos es la circulación de los vientos y la orientación de la humedad, que crearon las zonas más ricas en vegetación -en torno al ecuador-, pero a la vez arriba y debajo de esa región se instalaron las extensiones más secas del planeta”, explicó Cornelis.

Cómo la industria soviética del algodón se bebió un mar entero.
Por esa razón es que el desierto más grande del mundo, el del Sahara (con 9 millones de kilómetros cuadrados de superficie), está ubicado en la región inmediatamente superior al ecuador.

Pero no es el único.
Diferentes tipos
¿Cuál es la primera imagen que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en un desierto?, ¿tal vez es una larga cadena de dunas naranjas y soleadas que vemos en las películas?

Esa imagen es cierta… sólo parcialmente.

“En realidad hay por los menos tres tipos diferentes de desiertos. Y también llamamos desierto a los lugares donde no es posible el asentamiento humano, como las zonas de los polos”, explicó Cornelis.

No solo hay desiertos de arena. En el polo sur se pueden encontrar extensas zonas que no reciben precipitaciones por sus bajas temperaturas. Fotografía: AFP

Pero también están los desiertos costeros como el de Atacama en Chile (que es el más árido del planeta) y los que son causados por una barrera natural, como puede ser una montaña.

Una investigación revelada esta semana por la Universidad de Stanford señaló que el desierto de Gobi, el más extenso de Asia y que está ubicado entre Mongolia y China, se formó de esta manera: por la obstrucción de los vientos húmedos que causó el surgimiento de la cadena montañosa de Hangay, hace unos 23 millones de años.

Por esta razón, el de Gobi también tiene otra particularidad: se le llama desierto frío, porque su temperatura promedio en invierno no supera los 7 grados y está ubicado a casi 1.200 metros sobre el nivel del mar.

“En las regiones polares también hay zonas en que las precipitaciones son inferiores a los 250 mm por lo que también se consideran desiertos, aunque estén sobre una capa de hielo”, explicó el especialista.

 

GETTY

El desierto de Atacama en Chile, es uno de los lugares más secos del planeta. Fotografía: GETTY.

A estos territorios, que están ubicados especialmente en la Antártica, se les llama “desiertos polares”.

“No hay precipitaciones, no hay presencia de vegetación ni asentamientos humanos. Es uno de los lugares más inhóspitos del planeta”.

Revertir la desertificación
Lo cierto es que la verdadera amenaza no son los desiertos naturales, sino los que el hombre ha causado.

Por ejemplo, todavía resuena la desaparición del 90% del mar de Aral, en Kazajistán y Uzbekistán, así como el daño humano sobre el lago Popó en Bolivia.

Más de 100.000 kilómetros cuadrados que antes eran pura agua y que se convirtieron en desiertos navegados por naufragios.
Y la amenaza continúa.

El antes y después del mar de Aral, en Kazajistán que en menos de 40 años ha perdido un 90% de su extensión.

El antes y después del mar de Aral, en Kazajistán que en menos de 40 años ha perdido un 90% de su extensión.

De acuerdo al informe de la ONU sobre desertificación publicado en 2014, la pérdida de tierras fértiles para la producción de alimentos tiene un costo global de US$460.000 millones al año.

“La degradación de la tierra y la sequía son un impedimento para el desarrollo de todas las naciones en el planeta”, explicó Luc Gnacadja, secretario de la Convención de Naciones Unidas contra la Desertificación (UNCCD).

Pero, ¿es posible reversar la desertificación?

Cornelis cree que sí, pero hace hincapié en el hecho de que hay que cambiar drásticamente la forma en que se utiliza el suelo.

“Se están haciendo serios avances en una reforestación digamos agresiva para recuperar las zonas que antes eran fértiles. Pero la sequía y la aridez está afectando ya profundamente la forma en que se alimentan muchas personas en el planeta y hay que transformar la forma en que conseguimos nuestros alimentos”, concluyó.

Fuente: bbc.com