Siete mil millones de personas padecerán escasez de agua en 2050 debido a los efectos del cambio climático sobre los recursos hídricos, según el último informe de Naciones Unidas publicado en vísperas del Foro Mundial del Agua (16 y el 23 de marzo) y del Día Mundial del Agua, que se desarrolla el próximo día 22. El origen de la crisis no hay que rastrearlo en la propia naturaleza, sino en la gestión de los recursos hídricos, esencialmente causada por la utilización de métodos inadecuados. Por Sergio Manaut.

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Cada día miles de niños pasan gran parte de su tiempo en las aguas contaminadas de los ríos que  cruzan los países más pobres del planeta. Muchos de ellos hunden sus pies en el barroso fondo  para buscar metales preciosos que luego canjean por unas pocas monedas.

Otros, en cambio, se zambullen para acercarse a los cruceros que, cargados de turistas, navegan  esos ríos llenos de historia y miseria. Las barandas de los barcos marcan la distinta suerte  corrida por unos y otros: mientras a los que están a bordo el final del día les espera con  reparadoras pompas de jabón, los niños continuarán en sus pompas de agua, a las que  indefectiblemente están condenados.

Si a estos pequeños el presente se les presenta sombrío, el futuro asoma todavía más desalentador. La Tierra se enfrenta en este comienzo del siglo veintiuno con una grave crisis del agua.

La verdadera tragedia

Así lo destaca el informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo, titulado Agua para todos, agua para la vida, publicado en vísperas del Foro Mundial del Agua y del Día Mundial del Agua.

La verdadera tragedia de esta crisis es su efecto sobre la vida cotidiana de las poblaciones pobres que sufren el peso de las enfermedades relacionadas con el agua, viviendo en entornos degradados y a menudo peligrosos, luchando por ganarse la vida y por solventar sus necesidades básicas de alimentación.

El origen de la crisis no hay que rastrearlo en la propia naturaleza, sino en la gestión de los recursos hídricos, esencialmente causada por la utilización de métodos inadecuados.

El informe de Naciones Unidas asegura que se trata de un problema de actitud y de comportamiento, problemas en su mayoría identificables y localizables.

Y si bien este dato abre una puerta hacia la esperanza, la inercia de los líderes y la ausencia de una conciencia clara sobre la magnitud del problema por parte de la población mundial, impiden que se lleven a cabo medidas correctivas.

Escasez aguda de agua

Únicamente el 2,53% del total de agua existente en el planeta es dulce y el resto es salada. Aproximadamente las dos terceras partes del agua dulce se encuentran inmovilizadas en glaciares y al abrigo de nieves perpetuas.

Por otra parte, los recursos de agua dulce se ven reducidos por la contaminación. Unos dos millones de toneladas de desechos son arrojados diariamente en aguas receptoras, incluyendo residuos industriales y químicos, vertidos humanos y desechos agrícolas (fertilizantes, pesticidas y residuos de pesticidas).

Como siempre, las poblaciones más pobres resultan las más afectadas, con un 50% de la población de los países en desarrollo expuesta a fuentes de agua contaminadas.

Asimismo, las estimaciones más recientes sugieren que el cambio climático será responsable del alrededor del 20% del incremento de la escasez global del agua.

Datos preocupantes

Al respecto se considera que de aquí al año 2050, siete mil millones de seres humanos que vivirán en sesenta países, padecerán graves penurias de agua.

El informe clasifica 180 países y territorios según la cantidad y calidad de agua disponible- Kuwait, Gaza, Emiratos Árabes, Bahamas y Qatar son los que acusan mayores necesidades por disponer de las menores reservas de agua potable por individuo.

En el otro extremo figuran Finlandia, Canadá, Guyana Francesa, Islandia, Guyana, Surinam y Congo-Kinshasa, países todos ellos con las mayores reservas de agua potable por individuo.

Así, entre todos los objetivos que las distintas instancias internacionales han establecido en los últimos años – las Metas de Desarrollo del Milenio para el 2015, adoptadas por la Cumbre de las Naciones Unidas de 2000, por ejemplo -, muchos de ellos han colocado a la problemática del agua en un sitio preferente.

En este sentido, la Declaración Ministerial de La Haya de marzo de 2000 aprobó una serie de desafíos como base de la acción futura.

Primer desafío

El primero de ellos apunta a satisfacer las necesidades humanas básicas, ya que las dolencias relacionadas con el agua son una de las causas más comunes de enfermedad y de muerte entre los pobres en los países en desarrollo. Las estadísticas hablan por sí mismas.

En 2000, la tasa de mortalidad estimada sólo por diarreas relacionadas con la falta de sistemas de saneamiento del agua fue de 2.213 millones de personas. La mayoría de los afectados por mortalidad y morbilidad relacionadas con el agua son niños menores de cinco años.

Otro dato: actualmente 1.100 millones de personas carecen de instalaciones necesarias para abastecerse de agua y 2.400 millones no tienen acceso a sistemas de saneamiento. Las medidas a implantar para revertir esta situación no son complicadas ni onerosas, pero requieren una reorientación política considerable.

Segundo desafío

El segundo desafío busca proteger los ecosistemas, y el agua constituye una parte esencial de todo ecosistema.

Y no hay dudas de que los ecosistemas acuáticos continentales presentan graves problemas.

El caudal de alrededor del 60% de los mayores ríos del mundo ha quedado interrumpido por alguna estructura hidráulica.

Tercer desafío

Las necesidades divergentes del entorno urbano constituyen el tercer tema planteado. Según las estimaciones de los organismos internacionales, el 48% de la población mundial actual vive en pueblos y ciudades.

En 2030 la proporción será de cerca del 60%. Las aglomeraciones urbanas concentran desechos, y cuando la gestión de los residuos es precaria o inexistente, las ciudades se transforman en los entornos más peligrosos que existen en el mundo.

De ahí que se hace imperiosa la adopción de ciertas medidas para mejorar el suministro de agua, el saneamiento y el control de las inundaciones en las ciudades.

Por ejemplo, la existencia de buenos servicios sanitarios es primordial, ya se trate de empresas públicas, semi-privadas o privadas, sujetas a una reglamentación adecuada.

Cuarto desafío

El cuarto desafío habla de asegurar el suministro de alimentos para una población mundial creciente.

Con una agricultura no controlada se logra alimentar a unos 500 millones de personas; por eso, para alimentar a la población mundial actual, de seis mil millones de individuos, es necesario recurrir a la agricultura sistemática.

Si bien la mayor parte de la agricultura depende de la lluvia, es clave el uso eficiente del agua de riego, actualmente situado alrededor del 38% en todo el mundo. Este debería mejorar hasta alcanzar un promedio del 42% en 2030, gracias a la tecnología y a una mejor gestión del agua de riego.

Quinto desafío

El quinto desafío apunta a promover una industria más limpia. La utilización del agua en los procesos de fabricación, a menudo en grandes cantidades, es muy corriente. Luego, se devuelve a los sistemas locales.

El agua vertida por las industrias puede ser de muy mala calidad y, a no ser que se trate de forma adecuada, es una amenaza para las aguas superficiales y subterráneas en las que se vierte.

La industria puede constituir una amenaza crónica debido al vertido constante de efluentes, o bien una amenaza crítica si, por un fallo accidental, se genera una contaminación intensa en un período corto.

La formación en materia de gestión de la demanda, combinada con la transferencia de tecnología, puede beneficiar al medio ambiente y mejorar el rendimiento económico de las empresas.

Sexto desafío

El sexto desafío consiste en utilizar la energía para cubrir las necesidades del desarrollo. Es que el agua es imprescindible para la producción de energía. Sus dos aplicaciones principales son la producción de electricidad de origen hidráulico y su uso a efectos de enfriamiento en centrales térmicas de energía eléctrica.

Con todo, la electricidad contribuye a la reducción de la pobreza en muchas formas. Resulta esencial para la subsistencia de pequeñas empresas y para mejorar los servicios médicos, incluyendo los equipos electrógenos y la refrigeración de vacunas y medicamentos, entre otras funciones.

Séptimo desafío

La reducción de los riesgos y hacer frente a la incertidumbre es el séptimo desafío. Las razones hay que buscarlas en el número de víctimas de los diversos desastres naturales, ya que aumentó de 147 millones a 211 millones por año entre 1991 y 2000.

Las pérdidas económicas derivadas de las catástrofes naturales han aumentado de 30 mil a 70 mil millones de dólares en los Estados Unidos entre 1990 y 1999. Asimismo, alrededor del 97% de las muertes causadas por los desastres naturales han tenido lugar en países en desarrollo.

En el caso de las inundaciones, el riesgo potencial está relacionado con su magnitud y frecuencia. Es posible calcular la probabilidad de su aparición y prever las inundaciones en tiempo real.

Medidas

Por último, el informe de las Naciones Unidas insta a compartir el agua, no sólo entre sus diferentes usos (energía, ciudades, alimentación, etc), sino también entre los diferentes usuarios (regiones administrativas o países que comparten una misma cuenca o acuífero).

También a identificar y valorar las múltiples facetas del agua, no sólo como un valor económico, sino además en su dimensión social, religiosa, cultural y ambiental.

El conjunto de desafíos deberá estar acompañado por una responsabilidad colectiva y una administración responsable del agua para asegurar un desarrollo sostenible.

Fuente: tendencias21.net