A finales de 2015, siete científicos de Europa y América apasionados por los peces tenían una idea común en la cabeza: recolectar toda la información que se ha descubierto sobre los peces del Amazonas que estuviera desperdigada por el mundo. Así nació Amazon Fish Data Base Project: la base de datos de libre acceso más completa, revisada y actualizada sobre los peces de agua dulce que habitan la cuenca del Amazonas.

Desde hace dos años, Amazon Fish ha recopilado más de 12.000 registros de peces de agua dulce solo en Colombia e información de diarios de viaje, literatura especializada, artículos, datos de bases online y de universidades de todo el mundo, que incluyen más de 90 colecciones científicas para armar la base de datos más completa hasta ahora sobre los peces de la cuenca. Asimismo han usado herramientas de visualización como mapas interactivos para que la información sea de libre acceso para el público general. Los registros más antiguos datan de hace más de 100 años.

Es una tarea de locos si se tiene en cuenta que la cuenca del Amazonas es compartida por siete países diferentes (Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela y Guyana), abarca más de 6 millones de kilómetros cuadrados, es una de las reguladoras del clima global por la gran extensión de bosque tropical que riega, conecta las montañas andinas con los bosques tropicales y es hogar de más de 30.000 personas cuya cultura depende de los peces que la habitan.

La importancia de la cuenca del Amazonas no por ahí. Desde las primeras expediciones científicas, las especies de peces de agua dulce de esta región no han parado de ser investigadas y documentadas. Para ese entonces había registradas unas 500 especies. Después de 1920 las expediciones se multiplicaron y para 1980 el mundo conocía unas 1.800 especies. Para 2015 había 2.400 y, sorpresivamente, para 2016 ya había casi mil especies más en el radar de los científicos. Esto la convierte en la región más biodiversa del mundo en materia de peces de agua dulce.

Javier Maldonado, director del Departamento de Biología de la Universidad Javeriana, es uno de los coordinadores del proyecto y responsable del descubrimiento de por lo menos 24 nuevas especies que están en proceso de descripción gracias a la expedición que hizo el equipo de Amazon Fish al alto Vaupés y el alto Inírida, dos zonas con grandes vacíos de información científica gracias al conflicto armado colombiano. Fotos de bagres, cuchillos, mojarras y sardinas del río Orinoco y Magdalena, entre otros afluentes que alimentan el río Amazonas, adornan las paredes de su oficina. “Siempre me pregunté por qué en Colombia hay tanta riqueza de peces. Creo que si se mira a Colombia en escala de miles de años, el levantamiento de la cordillera de los Andes o la formación de la cuenca amazónica han hecho que confluyan condiciones espaciales para que coexistan muchas especies. Hay registradas unas 3.500 y, de esas, 792 están en Colombia. Esto a pesar de que somos uno de los países con menos información sobre peces en su parte de la cuenca amazónica”.

Hay cuencas, incluso, de las que no se tiene información: el río Yavarí, en Brasil, el alto Apaporis, el alto Caquetá y el Vaupés, en Colombia, son zonas priorizadas que el equipo de Amazon Fish irá a explorar a principios de 2018. A la par que se descubren nuevas especies crece el lomo del libro rojo de los peces de agua dulce amenazados en Colombia, cuya primera edición (2002) incluyó 40 especies. La segunda (2012) incluyó 86. En sólo 10 años se duplicó la amenaza. “Con una base de datos como esta, podemos probar la disminución de la población de peces en los ríos de la cuenca amazónica gracias a la intervención humana”, cuenta Maldonado.

¿Para qué saber de peces?

Los peces de agua dulce son piezas fundamentales en el trasporte de nutrientes de la cuenca del Amazonas. Hay peces en los ríos andinos, en las grandes planicies inundables del medio y en el bajo Amazonas que son proteína animal para muchos otros organismos, desde caimanes y aves hasta las comunidades ribereñas. Todos ellos se ven amenazados por la deforestación, los proyectos hidroeléctricos, la minería de oro y cobre y el cambio climático. “La idea es tener información que pueda estudiar los efectos reales que tienen estas alteraciones tan urgentes sobre los peces de la cuenca”.

Sólo en el río Xingu, en Brasil, hay 154 proyectos hidroeléctricos en operación y 21 en construcción y planes para otros 277. De hecho, en toda la cuenca amazónica sólo hay dos ríos que aún no están proyectados para estos proyectos: el Caquetá y el Putumayo. Según Maldonado, el desarrollo hidroeléctrico es especialmente dañino para las especies migratorias que viajan desde el estuario del Amazonas hasta las cabeceras de los ríos en los Andes, porque pone barreras físicas en el flujo natural. “Aguas arriba [de la barrera física] tenías un sistema de agua corriente que fluye (lótico), y cuando pones una represa pasa de ser un sistema, a uno de aguas lénticas, o represadas. Ahí no pueden coexistir los peces adaptados a la migración, como los grandes bagres, por ejemplo. Aguas abajo, como regulas la cantidad de agua que dejas pasar de acuerdo a la demanda energética, los ciclos de inundación ya no dependen de los ciclos naturales de sequía y lluvia. Afectas a todos los organismos que por miles de años han estado adaptados a los sedimentos que bajan desde los Andes hasta las planicies Desde los peces que dependen de esos minerales y flujos de agua hasta las comunidades que dependen del ciclo natural de inundación para agricultura, pesca y cultura”. A grandes rasgos, el problema es que se desconectan todos los ríos desde los Andes y se pone en peligro todo el ecosistema amazónico. A las afectaciones por proyectos hidroeléctricos se suma el cambio climático. “El impacto depende de la especie. Pero en términos generales, el agua se calienta en la parte baja de la montaña, entonces los peces acostumbrados a aguas cálidas tienen más territorio, mientras que los de aguas más frías, en la parte alta de la montaña, se ven cercados, y muchos son endémicas”, explica Maldonado.

El paradigma de la conservación

Parte de los objetivos del Amazon Fish Data Base Project es cambiar lo que llaman “el paradigma de la conservación”. De acuerdo con la revista Conservation Letters, “la atención de científicos, políticos y el público general se ha concentrado en los problemas ambientales de la cuenca amazónica enteramente desde el enfoque de los bosques y su biodiversidad. Poca atención se ha prestado a los pésimos manejos de los ecosistemas de agua dulce que son componentes vitales de la cuenca”. En esta región, apenas dos de los seis millones de kilómetros cuadrados están bajo alguna figura de protección.

Una de las dificultades que encontraron es que la mayoría de áreas protegidas de los siete países de la cuenca fueron delimitadas, precisamente, a través de datos sobre el bioma terrestre. Esto protege a los bosques de las dragas, la polución y la deforestación que sucede afuera de las áreas protegidas, pero no a la red de ríos. Por ejemplo, lejos de la cuenca del río Madeira, en Brasil, Petrobras hace legalmente exploraciones de petróleo que están cambiando la vida del río. Incluso, como los ríos atraviesan fronteras nacionales, las legislaciones para su protección cambian de jurisdicción.

El equipo de científicos e incontables colaboradores lleva casi tres años armando un sistema de información geográfica (GIS) que incluya todos los factores ambientales para explicar cómo se distribuyen los peces en el Amazonas y cómo están emparentados, y que explique, de una vez por todas, cómo es que la importante conexión hidrológica de la cuenca amazónica se ve afectada por la mano del hombre. Su última estocada será usar todos esos datos para una proyección sobre los efectos de los escenarios climáticos de 2050 a 2080 en los peces de la cuenca.

Fuente: elespectador.com